El coronavirus es para los casados

Estoy divorciada. Tengo una niña de nueve años en común con mi ex marido, con el que me llevo bien. La recogió él el jueves pasado en el colegio a las cuatro y media como todos los jueves después del susto que nos dieron anunciando a las once de la mañana que las clases quedaban canceladas. A él le correspondía la niña el fin de semana, así que el lunes a las doce del mediodía quedamos en la calle Valentín Masip para el intercambio. Notaba las miradas de odio clavadas en nuestras espaldas. De hecho, a ellos les increparon desde una ventana cuando venían a mi encuentro. Estos días con la niña han sido de todo menos tranquilos. Pero no por el coronavirus, que también, sino porque las órdenes que iban llegando eran en sí mismas caóticas. Los niños no podían ir al supermercado. Vale. Una sola vez me acerqué al Supercor de enfrente de casa y la dejé en una esquina junto a las taquillas. La gente la miraba como si fuera una apestada. Ahora sí. Ahora ya los niños pueden ir al supermercado. Pero yo tengo tal nivel de estrés que no he vuelto a pisarlo. Tampoco sabíamos si se había despedido de su padre “para siempre”, pero parece que no. Las personas que tenemos custodia compartida tenemos derecho a hacer el cambio una vez a la semana. Así que no sé cómo voy a hacer cuando vuelva a llegar el lunes. ¿La disfrazo de dálmata o me coloco un cartel en la espalda con la resolución del BOE en letras grandes? En fin, que esto “del coronavirus” para los divorciados no vale…

Ana García Vijande